EL caso de ¿Cuándo usar la mejor vajilla de la casa? Hablando del OrlandoGate

¿Y cómo te atreves a endeudarte en una situación tan complicada para darte placer a wp-15524056538635745996605520132163-e1552406329204.pngti misma o brindarles alegría a tus hijos?

¡Qué te impulsa a creer que tienes derecho a algo mejor que el resto de personas!

No eres nadie, no manejas una fortuna, vives en un país tercer mundista, académicamente tampoco eres destacable, no tienes trabajo y ni si quiera se te da el garbo o la imagen.

A todos nos ha llegado esos momentos en que la mente juega en contra de nuestras aspiraciones y sueños, se inunda de pre juicios, menoscaba la autoestima y nos surgen miedos.

Voy a comentarles algo que pienso es la causa de muchos de estos pensamientos.

Hay una enfermedad en la sociedad que vivimos y por ende en los núcleos familiares.  Ésta pretende la metódica, frecuente e insistente castración de ideas o aspiraciones.

Desde que llegamos al mundo estamos sometidos al escrutinio de las viejas escuelas, nadie analiza que tan convenientes son sus prácticas hoy en día, se escuchan y aplican sin filtro, bueno pues no todo lo viejo es malo y no todo lo nuevo es mejor.

Ahora quiero que piensen lo que hoy vivimos, el ambiente en el que nuestros hijos están creciendo lo califico como la decadencia de valorar.

Aclaro que no es una pérdida de valores porque entonces la discusión sería sobre ¿Qué valores o los de quién son los mejores? y esa parte de la historia la hemos vivido en repetidas ocasiones sin encontrar mejoras, no vale la pena repetirlas.

Una y otra vez un determinado grupo de seres humanos quiso imponer sus valores sobre otros, imponían sus creencias, formas de vivir, etc.

Finalmente, nadie estaba valorando al ser humano, al otro y por ende a la naturaleza, a la vida.

Para mí, se ha vuelto simple pensar que, si valoramos, si aprendemos el verdadero concepto de valorar, aún en desagradables situaciones, podemos dar un paso más al frente de lo que hoy llamamos el fin de los tiempos.

Hay una evolución que nos está esperando y no se va a lograr si no te analizas, si no cuestionas lo que tú haces.

No son los demás… los que están mal, eres tú él o la que está retrasando el progreso de este barco.

¡Amigos el pasado nos pesa a todos! Porque entonces no repartirlo y devolverlo a quien le pertenece, la carga propia es suficiente, pero nunca sabrás lo pequeña que es hasta que te deshagas de lo que no te hace, de lo que no te aporta.

En un tema tan actual como lo es la violencia, no es difícil de entender que los hombres que se creen dueños de las mujeres, aquellos que maltratan, violan o matan tuvieron madres y padres que los educaron de esa manera.

Sí, madres y padres como tú, yo y quienes aún no lo son pero lo serán, pretenden transmitir valores, enseñar valores a su progenie a ciegas, creyendo que lo que dan a sus hijos es lo mejor que existe, jamás se atreven a criticarse, a pensar que lo que promovemos puede ser lo que un día nos hunda a todos, no solo a ellos.

Basta de cargar con el peso de los ultra valores, cuando en realidad no has aprendido el concepto de valorar y menos puedes valorar si quiera al que está a lado tuyo.

De lo contrario porque creen que los chicos están viviendo en los colegios violencia de parte de sus compañeros extra competitivos, la escuela se ha convertido en una selva donde solo el más fuerte es quien podrá sobrevivir.

Hay que enseñar a nuestros hijos a valorar el aquí y el ahora, lo bueno y lo malo que hay en mi interior y en el de los demás, hay que enseñarles a valorar los triunfos y progresos de los otros, porque finalmente todo lo bueno que le suceda al otro repercutirá en nosotros como sociedad.

Así también cuando nuestros hijos no vuelan lejos de nuestras polleras o se convierten en obreros del sistema, sin oportunidad de superarnos, también es por causa de la educación que les dimos con esos valores ciegos de ultra familia y estabilidad.

Siempre hay las excepciones que corresponden a diagnósticos psiquiátricos que sobrepasan la educación o el amor que cualquier familia pueda ejercer sobre ellas o ellos.

En este caso les hablo de cuan castrados nos encontramos por culpa de lo que creemos normal o normalizamos en nuestras familias. La culpa sobre cada cosa que hacemos también es uno de esos aprendizajes que nos impide valorar la vida como tal.

Viajar a Orlando era uno de tantos desafíos a esa doctrina de aplacamiento y sumisión de aceptar las cosas porque son así, porque así se dio.

Yo misma solía criticar y juzgar a quien se iba sin rumbo cierto “porque no haces patria aquí”.

Me jactaba de pensar que me quedaría a lado de mis padres toda su vida para cuidarlos, decía que no necesitaba viajar fuera de mi terruño porque aquí lo tenía todo.

¡Y se dan cuenta! Como basta un doblez en la servilleta para ver el otro lado.

Recuerdo cuando estaba en los parques, gastando el dinero que no tenía, sentirme culpable, nos mirábamos con mi esposo cada vez que comíamos o estábamos en un restaurante temático como diciéndonos ¿Merecemos estar aquí? ¿Esto nos corresponde aquí y ahora?

wp-1552412201276381099955429173802.pngPor un lado, estábamos pidiendo ayuda para llevar a operar a nuestro hijo al extranjero y por otro nos paseábamos con el Pato, el Ratón y visitábamos Howards.

Una vez más les digo, guardar la vajilla de porcelana solo para ocasiones especiales es una forma recortada de ver el mundo.

La mayoría del tiempo los abuelos fallecen y apenas alcanzaste a ver una o dos veces la vajilla y eso si tuviste suerte.

Finalmente la hereda uno de sus hijos quien promete la misma hazaña de valorar el objeto preciado en una vitrina, hasta que entra un ladrón a casa y sin pena alguna la vende en el mercado a precio de huevo.

Eso valió para el universo las décadas de entrega a la preciada vajilla de los ancestros, mientras tanto, para no tener que lavar los platos o romperlos, en los cumpleaños usábamos platos descartables, servilletas o vajilla común.

La vida es ahora.

¡Hay que vivirla por amor a Dios! Usa la vajilla, rómpela, deteriórala con el uso, finalmente cuando te falten piezas y el filo de oro se haya desgastado tendrás tan buenos recuerdos en la memoria, que querrás correr al mercado por otra vajilla.

Seguro, incluso te topas con la vajilla que otro cuido tan prolijamente para que en un revés del destino termine a un excelente precio frente a ti.

Pero si puedes y solo si quieres, esta vez, dale trabajo a una empresa nacional, hasle el día a un artesano, finalmente te diste cuenta que la vajilla debe ser fuerte para soportar los cucharazos de los niños, las desordenadas pilas que se forman a lado del fregadero y las manos de mantequilla del que se ofrece ayudar a lavar la losa.

Ahora que te percataste que la vajilla, era una valiosa herramienta para festejar la evolución del ser humano desde sus inicios en las cavernas, hasta una mesa prolijamente armada con más herramientas para facilitar la alimentación de todos los miembros de un clan, ancianos, niños, los que tienen capacidades diferentes y los que no.

Entonces ahora que valoras la importancia de una vajilla, compra la que creas más conveniente para valorar a tu clan, a tus invitados, a tu familia a diario.

Eso es lo que me enseño el divertidísimo viaje a Orlando, muchos nos querían aquí, en Parque la Carolina, como mucho en los Juegos de los centros comerciales o en el parque ese del volcán, son lindos también y benditos sean porque alimentan las actividades de esta ciudad, mil veces me verán disfrutándolos también.

Pero mi ocasión especial era ese instante, no podía esperar a que mi hijo estuviera bien de salud, a que mi esposo y yo generáramos una mejor situación económica o que Cisne cumpliera unos 7 años para que se acordara de todo y tuviese sentido gastar tanto.

¡Comprendía que la vida era ya! que las enormes deudas entonces eran inversiones, finalmente vivimos endeudados en tarjetas, hipotecas, letras de carros y préstamos.

Tu no vas a dejar de trabajar, lo harás así te falten piernas porque el sistema lo exige.

Entonces ¡Porque si algo puede darte alegría y placer no lo haces! no esperes a que tu pareja, tus hijos o tu misma padezcas una enfermedad para consentirte.

Ve con la frente en alto, porque nadie te regala dinero para hacer lo que haces, si eres consecuente en pagar tus deudas, porque no disfrutar del dinero que produces y pagas mensualmente.

Olvida las ideas que te cortaron las guías de las alas y empieza a volar, escoge destinos deferentes, disfruta, aprende y cuando regreses no olvides planear tu siguiente viaje.

Nadie nos ayudó para viajar al país del norte, ni al Hospital, ni a Florida nos endeudamos con nuestros medios y con los mismos hemos pagado siempre nuestras deudas, sin embargo, siempre existió esa voz interior y esos murmullos exteriores molestos por tan impulsiva acción.

Si les hubiese hecho caso, no guardaría los hermosos recuerdos que tengo de mi esposo y mis hijos en Orlando.

Al poco tiempo del trasplante de Gabriel la vajilla se desgastó, fuimos por una nueva y después por otra y es que le damos uso tan continuamente como podamos.

No se sorprendan si nos ven en fotos, volando a los controles médicos de Gabriel en Chile o recorriendo el mundo con el equipo de gimnasia de mi hija, cualquier excusa la utilizamos para consentirnos, porque nos lo merecemos, porque trabajamos a pulso y porque no nacimos para guardar lo mejor para después, cuando ya no tengamos los bríos que hoy nos sobran.

¿Y tú, cada cuanto usas la mejor vajilla? 

P.D: Este Post no es una propaganda para que viajes a los parques, aunque deberían wp-15524122623677814405450137442385.pngpagarme una comisión al menos, es una propaganda para inflar el espíritu aventurero del ser humano, que aún teme valorarse lo suficiente como para creer que es merecedor de un buen trato, una buena comida, un buen viaje, el lugar de sus sueños para vivir, el mejor transporte para viajar y por su puesto la mejor vajilla para comer. 

 

 

 

 

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