Tiempo de recaídas, tiempo para empezar de nuevo.

Él se despertó a las 6 y 45 de la mañana, casi nunca lo hace, desde hace 3 semanas que llevamos aislados y no lo había visto pegar un salto tan directo a la ducha que como siempre da problemas y es necesario bajar 3 pisos para encender la llama del calefón manualmente.

Seguramente en una situación normal ya hubiésemos llamado a los técnicos para que vuelvan una vez más a revisar el automático, hoy no hay chance al “hubiésemos” es lo que hay.

Paso toda la noche de ayer planificando su visita al supermercado, suele ser muy riguroso y excesivamente meticuloso con su trabajo, más en algunos proyectos del trabajo, pero estoy segura que desde hace tres semanas no tiene que ver con el proyecto o la carga horaria.

Confieso, que pese a no tener que hacerlo por ética profesional y por respeto a nuestro vínculo de amor, he aplicado muchas técnicas de psicoterapia en mi esposo por años.

Pensé, sinceramente en un minuto de nuestras vidas que habíamos tenido grandes avances en el trabajo sobre las características anancásticas exacerbadas, en ciertas épocas empezaron a ser un problema cada vez más notable, pienso incluso que en un punto estuvimos a poco de pasar al termino T.O.C, pero siento que mi constante posición de romper sus rituales y excesos le ha permitido generar un clic a manera de brújula que le hace darse cuenta cuando se esta pasando de la raya, además que siempre estoy ahí para hacerle notar los beneficios del equilibrio.

Eso obviamente no viene de mi gran capacidad de equilibrio, la cual no existe, es un ejercicio también constante de mi persona para medir cuan lejos estoy yo y a su vez él de una conducta deseada, entre el tira y el jala llegamos a un acuerdo y establecemos donde podríamos determinar un relativo equilibrio.

Si lo piensan detenidamente eso no es una terapia, suena a una convivencia común en pareja, precisamente este tema es uno de tantos que por un lado es una buena característica laboral y por otro es un pésimo ingrediente en la comunicación y vivencia familiar.

En fin, regresando a que por fin logró que se caliente el agua y darse un habitual duchazo, se vistió y bajo tratando de recoger el desorden que dejaron los niños en la sala de tv y fuera de sus dormitorios ¿Cómo si eso fuera posible en tan poco tiempo y tuviese un efecto permanente?

Al fin llego al primer piso, podía escuchar cada paso que daba, porque cada paso estaba acompañado de un bufido o una mala palabra seguida de una larga victimización de su posición en la familia, la poca consideración con su persona, la liviandad de la educación de sus hijos, etc, etc.

Vale atribuirme el logro de que exprese su frustración a través de las malas palabras, me costo muchísimos años lograr que su cerebro le permita expresar una mala palabra cuando siente ira o frustración, al menos en la confianza familiar, pues fuera de la casa no lo diría nunca.

Al fin dejo  en el lavadero los platos y vasos que recogió en el segundo piso, se escucho la peeta sinsajopuerta del baño y el lavamanos, lo escuche colocarse los guantes de látex por lo tanto también se colocó la mascarilla, abrió la puerta principal y escuche al menos tres caminatas entre la cocina y el auto, abre y cierra puertas, los pasos se marcaron y aceleraron, eso definitivamente era algo que no puede resolver.

Le dije entonces acercándome al barandal: Amor…¿Que pasa, te falto algo?

Con un tono seco y golpeado tratando de no parecer molesto, miro hacia arriba y respondió:

¡No! Ya lo encontré, por favor, dejo mi teléfono aquí en el comedor, si no llegó hasta las 10 a.m. Escribe a mi jefe y explícale que aun estoy en el supermercado.

Creo que torcí suficiente mi cara para que él pensara que me estaba negando y agrego: ¡Sabes que no me llevo nunca el teléfono fuera de la casa para no contaminarlo y la cola que hay para entrar bla, bla, bla.

Me perdí como siempre en esa oratoria y le exprese mi sincero deseo que le vaya bien y se vaya con la bendición de Dios, asegurando que todo estaría bien, más en lo posible trate de no gritar porque despertaría a los niños.

Refunfuño y sin respirar partió como que fuera a enfrentar la guerra, solo y triste sin que nadie tomara en serio su sacrificio.

Respiré profundo y regrese a la cama intentando revisar lo último de las redes sociales, total llevaba con sigo una exhaustiva lista de compra realizada en excel, con diferentes colores, clasificada en el orden en que están dispuestas las góndolas del supermercado, con parámetros alternativos de calidad y precio por si tuviese que cambiar de marca en algún producto.

Estimado el tiempo total desde que hace la cola para entrar suponiendo que llega entre las treinta primeras personas y toma los productos con el orden de su lista estaría de regreso entre las 8:45 a 9:00 de la mañana.

Pese a todos sus cálculos se fue pensando que podría tardar aun más y yo tendría la penosa necesidad de comunicárselo a su jefe.

Y es que el asunto del pensamiento positivo y la visualización de posibles situaciones nos esta costando bastante más. Pero finalmente ya se fue, esta sin celular para preguntar cada dos minutos si esta bien o no comprar tal o cual producto y pienso que eso es un gran avance para si mismo, por ende yo estoy orgullosa de ese gran paso que esta dando, así que me relajé por completo.

Me asee, desperté a los niños, con toda la paz y tranquilidad del mundo desayunamos y entonces caí en cuenta que eran casi las nueve de la mañana. En ese mismo instante se escucho el motor de auto entrar al estacionamiento.

Una sonrisa de paz se esbozo en mi rostro y por su puesto mi ego hinchado de haber acertado completamente en las predicciones del día.

Lo espere con el desinfectante en aerosol en la puerta, se lo arroje por completo y no por mi deseo, era su deseo ser minuciosa, se saco los zapatos  la entrada y hecho toda su ropa en la lavadora, de ahí en adelante solo procure mantener mi notable sonrisa pese a su molesta insistencia en que lo atienda porque venia de ganar los juegos del hambre después de ser enviado como tributo.

Al final comprendió que más que agradecer por su ejemplar muestra de valor nadie estaría dispuesto seguir sus diagramas y protocolos de limpieza, así que se fue a bañar una vez más.

Este es un claro ejemplo de las cosas que quedan en el limbo de lo que está bien para unos, excesivo para otros, seguro en ustedes ya hay un Team Julio y un Team Jimena, no importa de que lado estés todos formamos parte de este best seller que no sería tal sin los dos lados.

Más allá de que Julio tenga razón con respecto a sus cuidados, los cuales yo apoyo porque son lo que nos mantiene sanos, mi preocupación esta en que ha vuelto a recaer.

El estar en aislamiento nos ha puesto en una posición difícil, no se puede reconducir la conducta positivamente, generalmente te encuentras frustrado al no ser recompensado continuamente por su conducta, se pierden los limites entre el hogar y el trabajo porque efectivamente no los hay.

Es algo obvio para la mayoría, estos se ponen virtualmente por así decirlo, tal como las líneas imaginarias de los meridianos y paralelos en la tierra, para mi Peeta estos limites no son posibles, se le pierden muy fácilmente y puede trabajar tranquilamente desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche sin parar.

Cada día noto que se genera más miedo en él, con pretexto de la pandemia todo es causa de los resultados más fatídicos, incluso pedir un domicilio.

Su humor es insoportable si no esta ocupado, siempre tiene algo negativo que comentarnos respecto al orden, las noticias, los proyectos futuros etc.

Para mi persona llevar la carga de mi misma y mis emociones es bastante, pero a eso llevar la guía de las emociones y conducta de tus hijos es un poco más de trabajo, en realidad solo un poco porque irónicamente los hemos criado con cierto criterio de análisis y conciencia personal que me facilita muchísimo el trabajo en estos momentos, pero sobre eso convivir con un adulto poco flexible que no termina de adaptarse a la situación, pesa y preocupa.

Así que hemos empezado proyecto “take it easy” aun no esta muy claro, pero con el pasar de los días lo puliremos, en tanto Julio tomó conciencia de su conducta y con eso ya cualquier trabajo es productivo, los niños han propuesto más tiempo de calidad y juegos en familia, seguro ayuda, en tanto nos entregaremos a la paciencia planetaria y seguiremos buscando confrontar nuestros miedos y deficiencias en esta cuarentena, si algo podemos hacer en estos momentos es recapacitar sobre nosotros y nuestro efecto en quienes nos rodean.

Haber si este pequeño capítulo de nuestras vidas les inspira y se animan a reconocer sus peores miedos, escenas, conductas etc y trabajamos en ellas, como cosa sería, después de los días de aislamiento, necesitaremos, creatividad, flexibilidad mental y mucha humanidad para marcar una nuevo comienzo.

 

 

 

 

 

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